El quimérico inquilino

Me da la nariz tronchada de Jack Nicholson, la que lucía en Chinatown, que al conspicuo Almodóvar le obligan oscarizados débitos, cuando se solidariza con un pederasta violador. Supuesto. Que, por cierto, entre insalvables muros coronados por cactus de acero, de poco le pueden servir las escalas de El Pianista.


Si piensan
en el vacío
les diré
como hablan las hojas
entiendan el silencio.
La carcoma de la vanidad va autodevorando por la cabeza al Santo Padre, representante de la soberbia, la lujuria y la avaricia de Dios en la tierra. Las veladuras de sus ropajes púrpuras se desgajan en un fondo de luto, arañado por el pincel en la arpillera, fúnebre como la Santa Inquisición y los dientes de la boca, abierta en un gesto de rugido, parecen estalactitas calcáreas de una caverna inhóspita.
Cuando Bacon estuvo en Italia no quiso ver el “X” de Velázquez que tanto había explorado en fotografía, por temor, tal vez, a que le fulminara su pontificia mirada rencorosa agarrada por el óleo.


Museo del Prado, Francis Bacon. Hasta el 19 de abril 2009
Ilustración: Francis Bacon, Study after Velázquez´s Portrait of Pope Innocent X. 1953. Óleo sobre lienzo
Tal vez cuando el 2 de marzo de 1959 Miles Davis, vestido con su impecable traje de corte europeo, entró en el estudio para grabar Kind of blue llevaba todavía recuerdos colgados del cuello del perfume de su amante Juliette Greco, sacerdotisa gótica del existencialismo francés.
El caso es que en dos días de improvisaciones iluminadas, junto al piano de Bill Evans y a los saxos de Coltrane y Cannonball Adderley, echo a volar su trompeta y cambió la historia de la música.
Tal vez desde entonces hacer el amor, sin Kind of blue de fondo ya no es lo mismo. Tal vez


La edición conmemorativa del 50º aniversario de Kind of blue, en la que se han recuperado diálogos entre tomas, sale el 13 de enero.